miércoles, 18 de marzo de 2009

El último portal



En la niebla del desamparo corre el rumor de la vida, camuflando su aspecto bajo hojas de algodón.
Atraviesa la negra noche en un fino bote de madera, sin siquiera mojar sus botas, amarrando sus sueños al muelle, liberándose a la libre flexibilidad del encuentro.
Suministra ciertos cantos a los solitarios robles que deparan su destino, con un paso dubitativo y su mirada en las estrellas titilantes que guían su andar. El silencio de la noche intimida a la piel, donde el frío del nuevo rocío resquebraja viejas costumbres.
Cada impulso del remo marca en fuego un mundo nuevo en su cordura, pero a la vez va cortando eslabones de una oxidada cadena de hierro, forjada por antiguos paradigmas bajo miles de lunas atrás. Cada corte se hace valer, doloroso y presente en su llamado; pero algo en el centro de aquel bosque se mantiene latiendo, rebosante de energía viva, desbordante en color.
Unos pasos más y la niebla va cediendo, su columna dolorida encuentra un nuevo equilibrio, y unos viejos sauces lo reciben expectantes. Al mirar hacia atrás no encuentra más que polvo y niebla, ya habiendo cruzado el lago y perdiendo el bote en el camino. Tomando aire profundamente, contemplando el esplendor de su estrella guía, toma las riendas de sus cuerpos y penetra aquel portal. El frío parece congelar sus huesos, queriendo darle una nueva oportunidad para regresar, pero su fuerte espíritu decide atravesar el último dolor, crujiendo en un canto de guerrero. Traspasando finalmente el gran muro, un gigantesco corazón de cristal abraza sus mantos, acaricia sus ojos y arropa su cansancio.
-“Finalmente has llegado hermano, bienvenido.”- dice una brillante luz a su lado, cuya presencia cautiva su alma.
Sinceras lágrimas se derraman por su rostro, comprendiendo que ya nada aguarda ni desea, saciando su sed en el Gran Manantial, cuyo centro de funde en su interior.

Brote de vertiente, llévame donde tu rostro acapare mi mirada, y ya sin titubeos estreche mi ancho corazón hacia tu luz. Hazme fuerte para atravesar con valor los pantanos de mi mente, y hazme humilde para aceptar la ayuda de cualquiera de tus santas manos. Que la luz brote en mis poros hasta renacer en Ti…